ayudado a crear.
Sonrió al ver que la joven se sentaba junto al anciano y comenzaba a escucharlo.
Alejandro se colocó a su lado.
—¿En qué piensas? —preguntó.
Mariana miró a la enfermera.
—En que aquella mañana creí que solo estaba ayudando a un hombre que necesitaba atención médica.
Alejandro le tomó la mano.
—Y terminaste cambiando muchas vidas.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No fui yo sola. Yo solo hice lo que cualquiera debería haber hecho.
Alejandro la miró con ternura.
—Ese es precisamente el problema. Muchas personas