encajaba.
En aquel período yo estaba en Londres, negociando una adquisición. Recordaba haber firmado decenas de documentos desde el extranjero. Algunos llegaron a mi despacho en carpetas electrónicas, mezclados entre contratos, autorizaciones y poderes.
¿Había firmado aquello sin darme cuenta?
La posibilidad me revolvió el estómago.
—Victor, consigue los originales y los registros de envío. Quiero saber desde qué equipo se preparó esa autorización y quién tuvo acceso a ella.
—Ya hemos solicitado una copia certificada al archivo del bufete.
—Y averigua quién estaba a cargo de mis comunicaciones privadas.