a él.
—Tienes razón. Te prometí algo y no lo cumplí. Lo siento.
—Mamá dice que las promesas son importantes.
—Tu mamá tiene razón.
—¿Vas a volver a llegar tarde?
Respiré hondo.
—Voy a hacer todo lo posible para no hacerlo. Y si alguna vez pasa, te avisaré.
Oliver me estudió durante unos segundos.
Después levantó un dedo.
—Puedes arreglarlo jugando conmigo hasta que oscurezca.
Miré a Sophie.
Ella sonrió.
—Hasta la hora de cenar —corrigió.
Oliver suspiró dramáticamente.
—Está bien. Hasta la cena.
Aquella tarde jugué al fútbol hasta