una cena cualquiera un viernes.
Una cena en la que estuviéramos juntos, sin teléfonos sobre la mesa.
Cuando los niños se durmieron, Sophie y yo nos quedamos en la cocina recogiendo los platos.
—Hoy ha sido un buen día —dije.
—Sí.
Me pasó un vaso para secarlo.
—Oliver lleva toda la semana preguntando cuándo volverás a quedarte a cenar.
Sonreí.
—Yo también llevaba toda la semana esperándolo.
Hubo un silencio cómodo.
Después Sophie dejó el paño sobre la encimera.
—Lucas, hay algo que necesito preguntarte.
Me volví hacia ella.
—Lo