a alguien no basta. Durante nuestro matrimonio te amaba y, aun así, te hice sentir sola.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Yo también te quise muchísimo.
—Lo sé.
—Hubo noches en las que deseé odiarte. Habría sido más sencillo.
—¿Y ahora?
Sophie respiró profundamente.
—Ahora me gusta el hombre que viene a buscar a los niños. El que se sienta en el suelo a jugar y se acuerda de que Lily tiene miedo a las tormentas.
Sentí que el corazón comenzaba a latirme con fuerza.
—Pero todavía tengo miedo —