el temporizador con mi ayuda.
—¡Sonreíd! —ordenó Lily.
La cámara parpadeó.
En el último segundo, Oliver saltó sobre mis rodillas, Lily abrazó a su madre y Sophie apoyó la cabeza en mi hombro.
La fotografía quedó ligeramente borrosa.
Oliver tenía los ojos cerrados.
Yo estaba riéndome.
Sophie miraba a Lily con una ternura imposible de describir.
Y aun así, fue la fotografía más hermosa que había visto jamás.
Aquella noche la coloqué en mi escritorio, justo donde un año antes había recibido la imagen de una mujer caminando con dos