niños que yo no conocía.
Me quedé observándola durante mucho tiempo.
Había pasado años creyendo que el éxito consistía en construir algo tan grande que nadie pudiera arrebatármelo.
Pero la vida me había enseñado otra cosa.
Los cuatro años que había perdido no regresarían.
No podría escuchar el primer llanto de mis hijos, sostenerlos cuando dieron sus primeros pasos ni acompañar a Sophie durante aquellas noches en las que tuvo que ser fuerte por los tres.
Eso no tenía solución.
El perdón tampoco borraba el pasado.
Era una decisión que