debíamos seguir cuidando cada día.
Apagué la luz del despacho y escuché las voces que llegaban desde el salón.
—¡Papá! —gritó Oliver—. ¡Lily está haciendo trampas!
—¡No es verdad! —protestó su hermana.
La risa de Sophie llenó la casa.
Fui hacia ellos.
Y mientras caminaba, comprendí que aquella era la diferencia entre el hombre que había sido y el que quería llegar a ser.
Antes, siempre encontraba una razón para no volver a casa.
Ahora, no había nada en el mundo que deseara más que estar allí.