Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

de inmuebles. Había empezado reformando un piso diminuto de Lavapiés. Trabajó fines de semana, renunció a vacaciones y reinvirtió cada alquiler hasta constituir Albor Patrimonio, una pequeña sociedad inmobiliaria. Su adquisición más importante fue un chalet de 6 dormitorios en Pozuelo de Alarcón, comprado 3 años antes de conocer a Álvaro.

Al principio, él parecía orgulloso de ella. Dirigía una consultora y aseguraba que admiraba a las mujeres independientes. Se casaron después de 18 meses de relación. Sin embargo, en cuanto se mudó al chalet, comenzó a comportarse como si