Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

piso modesto después de comprobar que no podía regresar al chalet. Los procedimientos legales sobre la documentación continuaron, con declaraciones y análisis periciales. Elena no anticipó culpabilidades ni buscó convertir cada novedad en un espectáculo. Dejó que las pruebas y las autoridades siguieran su camino.

En la casa, entretanto, comenzó otra transformación.

Elena retiró el enorme retrato de su exmarido. Pintó de blanco la habitación ocupada por Begoña y la convirtió en un estudio abierto al jardín. Recuperó las butacas de su abuela, que habían pasado años almacenadas porque su