sola contraseña ni de documentos compartidos en casa.
Casi 1 año después recibió una carta de Álvaro. No le pedía dinero ni reconciliación. Reconocía que había permitido que su madre la humillara, que confundió su éxito con una amenaza y que prefirió aparentar prosperidad antes que confesar sus deudas. Admitía haber participado en la preparación de documentos que no estaba autorizado a utilizar y decía sentirse avergonzado.
Elena leyó la carta despacio. Durante su matrimonio habría dado cualquier cosa por escuchar una disculpa semejante. Ahora entendía que podía aceptarla como