reconocimiento del daño sin permitir que su autor regresara a su vida. La guardó junto a los papeles del divorcio y no respondió.
Un sábado de primavera, Inés llegó al chalet con noticias definitivas respecto a los bancos: ambas solicitudes estaban cerradas, no existían garantías constituidas con aquellos inmuebles y los mecanismos de protección corporativa habían sido actualizados. Las demás actuaciones legales seguían su curso independiente.
Se sentaron en la terraza y contemplaron el jardín.
—¿Te acuerdas de Begoña gritando que la casa era suya? —preguntó Inés.
Elena sonrió.
—Lo