recuerdo. Pero ya no es lo primero que pienso cuando miro la entrada.
—¿Y qué ves ahora?
—Veo a mi padre ayudándome con los azulejos. A mis amigas cenando aquí. A la mujer que era antes de aprender a pedir permiso por todo.
Inés se marchó al atardecer. Elena permaneció un rato junto a los rosales que acababa de plantar y observó la luz encendida en el estudio. Allí tenía un nuevo proyecto esperando, una mesa llena de muestras y una agenda con planes que había elegido personalmente.
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