Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

dijo.

Begoña añadió que su hijo merecía una mujer menos arrogante. Elena solicitó el divorcio.

Siguieron meses de reclamaciones económicas y discusiones sobre la vivienda. El chalet figuraba a nombre de Albor Patrimonio y la sociedad había iniciado, por separado, el procedimiento necesario para recuperar la posesión. Álvaro recibió las notificaciones, conocía la fecha señalada para la entrega y aun así aseguró a su madre que nunca los echarían.

Tras la última audiencia, Begoña se marchó a celebrar la supuesta victoria. Al regresar, encontró las pertenencias preparadas para un traslado