Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

autorizado, una funcionaria judicial y a Elena esperando con su abogada, Inés Márquez.

—¡Esa casa es de mi hijo! —gritó Begoña.

Inés mostró la titularidad registral. Álvaro palideció, pero no miraba las escrituras. Miraba otra carpeta.

—¿Habéis hablado con el banco? —preguntó, casi sin voz.

PARTE 2
Elena se volvió hacia su exmarido. Durante meses había soportado reproches por querer recuperar su propia casa, pero aquella pregunta no tenía relación con el divorcio.

—¿Qué banco, Álvaro?

Begoña le apretó el brazo.

—No contestes. Quieren asustarnos.

Inés explicó que esa misma