me hizo daño de una manera inesperada.
Durante años había deseado escucharla.
Ahora sonaba vacía.
—Ethan, no puedes pedirme que sea tu esposa mientras tratas a otra mujer como tu prioridad.
—No estoy enamorado de Lily.
—Quizá no. Pero estás dispuesto a herirme para no decepcionarla.
No tuvo respuesta.
—Mañana devolverás la parte del dinero que puedas —continué—. Mi abogada te enviará la documentación para resolver el resto.
—¿De verdad te vas a Nairobi?
—Sí.
—¿Cinco años?
—Cinco años.
Su voz se quebró.
—Clara, si te marchas tanto tiempo, nos