Mi prometido construyó una autocaravana para nuestra luna de miel… pero puso a otra mujer en mi asiento y me dejó en casa

taller, a cientos de kilómetros de aquí.

Miró mi equipaje.

—Así que es verdad. Te vas mañana.

—Sí.

Se frotó los ojos.

—Durante el viaje me di cuenta de muchas cosas.

No respondí.

—Siempre pensé que tú ibas a estar esperándome. Cuando llegaba tarde, cuando cancelaba planes, cuando me enfadaba… Tú seguías ahí.

Su voz tembló.

—Creí que eso significaba que nunca te perdería.

—Yo también lo creí —admití.

Ethan sacó algo del bolsillo.

Era una pequeña placa metálica con mi nombre grabado.

«Clara. Mi compañera de viaje para siempre».