él.
—No te preocupes. No le he dado tu número.
—Gracias.
Nora me observó con cariño.
—¿Lo echas de menos alguna vez?
Pensé antes de responder.
—Echo de menos a la persona que creí que era.
Ella asintió lentamente.
—Eso es diferente.
—Mucho.
7. El asiento que nadie podía quitarme
Dos años después de mi llegada, aproveché unas vacaciones para hacer un viaje por carretera con varios compañeros.
Habíamos alquilado un vehículo todoterreno y planeado recorrer una ruta por las tierras altas de Kenia.
Era la primera vez que emprendía