EL DÍA QUE VOLVIÓ SU PRIMER AMOR, LE PEDÍ EL DIVORCIO… SIN DECIRLE QUE ESTABA EMBARAZADAv

el asiento trasero de un taxi y observé cómo las luces de la ciudad se deshacían sobre las ventanillas.

Tenía las manos heladas.

Durante mucho tiempo había pensado que lo peor de mi matrimonio era no ser amada.

Aquella noche comprendí que había algo todavía más doloroso: descubrir que quienes debían estar a tu lado tomaban decisiones sobre tu vida sin consultarte.

Me llevé una mano al vientre.

—Tranquilo, pequeño —susurré—. Mamá está aquí.

Apenas había terminado la frase cuando sentí una punzada en el abdomen.

No fue intensa, pero