a alguien que conocía secretos de mi familia y había elegido revelarlos precisamente cuando mi matrimonio se estaba desmoronando.
—Dime dónde está Gu Yan —exigí.
Jingshen tomó su teléfono, escribió una dirección y me la mostró.
—Está alojada en un apartamento del centro. Puedo llevarte.
—No quiero ir contigo.
—Gu Li…
—Has tenido catorce días para contarme que mi hermana estaba viva y dónde encontrarla. No necesito que ahora finjas preocuparte.
Cogí mi maleta.
Esta vez nadie intentó detenerme.
La lluvia empezó cuando salí de la urbanización.
Me senté en