punto de marcharse cuando la otra mujer la detuvo.
—Deberías saber algo más sobre aquella noche.
Lucía se volvió.
—Álvaro no me confundió contigo. Sabía quién era yo.
—Estaba borracho —murmuró Lucía, repitiendo una explicación que había defendido durante años.
—Había bebido, sí, pero me escribió antes de subir a su habitación. Fue él quien me pidió que fuera. Yo pensé que suspendería la boda.
Lucía se apoyó en una columna. Recordó cómo había consolado a su prometido, cómo había terminado pidiéndole perdón por desconfiar.
—¿Y por qué me lo