cuando significaba ignorar lo que veía. Álvaro también había tenido gestos verdaderamente cariñosos. Pero esos recuerdos no borraban sus mentiras.
Aquella tarde habló con una abogada de Sevilla. Le explicó que compartían una vivienda, que estaba embarazada y que quería proteger sus derechos sin convertir el conflicto en una guerra. La abogada le aconsejó reunir los documentos económicos a los que tuviera acceso, evitar acuerdos precipitados y buscar apoyo familiar.
Lucía reservó un vuelo de regreso. Después escribió a Álvaro: «Mañana a las 10:00, en la cafetería frente a