Viajé a Barcelona con una ecografía para sorprender a mi marido, pero en el aeropuerto lo vi besar a Patricia, la mujer que encontré con él antes de nuestra boda. Mientras yo escondía nuestro embarazo, él escribió: «Esta vez nadie nos interrumpirá». Hice la maleta sin enfrentarlo. Al día siguiente, Patricia me reveló quién la había invitado a aquella habitación 8 años atrás.

tardes caminaba junto al Guadalquivir con Alba en su cochecito; otras cenaba con Irene o visitaba a sus padres. Había cansancio, incertidumbre y noches interminables, pero también una paz que había olvidado.

Un domingo encontró el álbum de su boda. En la portada sonreía junto a Álvaro, rodeada de pétalos blancos. No rompió la fotografía. La guardó en una caja: había sido parte de su vida, pero no volvería a decidir su futuro.

Aquella tarde Álvaro pasó a recoger a Alba. Antes de marcharse, preguntó:

—¿Crees que algún día podrás