Viajé a Barcelona con una ecografía para sorprender a mi marido, pero en el aeropuerto lo vi besar a Patricia, la mujer que encontré con él antes de nuestra boda. Mientras yo escondía nuestro embarazo, él escribió: «Esta vez nadie nos interrumpirá». Hice la maleta sin enfrentarlo. Al día siguiente, Patricia me reveló quién la había invitado a aquella habitación 8 años atrás.

a Alba, lloró.

—Hola, pequeña. Soy papá.

Lucía imaginó por un instante otra versión de aquella madrugada, una en la que habrían celebrado juntos el nacimiento sin heridas entre ellos. Sintió tristeza, pero no arrepentimiento. Su hija podía ser querida por ambos sin que ellos fingieran seguir siendo pareja.

El divorcio terminó meses más tarde. Acordaron cómo organizar los cuidados, las visitas y los gastos de Alba. Hubo desacuerdos, pero Álvaro aprendió a hablar de Alba sin suplicar una reconciliación.

Lucía volvió a su taller de cerámica en Triana. Algunas