cara con una ternura dolorosamente familiar.
Lucía llegó sola al apartamento de su marido. Cuando él volvió, fingió sorpresa y la abrazó.
—¡Mi vida! Habría ido a buscarte si me hubieras avisado.
Ella apenas logró sonreír. Había venido a entregarle una noticia maravillosa; ahora escondió la ecografía en su maleta.
Al anochecer, Álvaro anunció una cena de negocios. Se puso la camisa azul que ella le había regalado por su aniversario y escogió su perfume favorito. Antes de salir, dejó el móvil sobre la cama.
La pantalla se iluminó con