EL DÍA QUE MI PROMETIDO LE DIO MI APODO A OTRA MUJER, EMPECÉ A PREPARAR UNA BODA A LA QUE NUNCA PENSABA ASISTIR

bufanda fue al armario.

La carta, a una carpeta con otros recuerdos que quizá algún día revisaría.

Y el cerdito lo dejé sobre la mesa.

No sabía todavía qué hacer con él.

—¿Estás bien? —preguntó Sophie al otro lado del teléfono.

Miré alrededor.

Mi salón era pequeño, las plantas junto a la ventana necesitaban agua y la mesa seguía siendo prestada.

Pero había una tranquilidad que no había sentido en meses.

—Sí —respondí—. Creo que sí.

Un año después
No volví a ver a Ryan.

Supe por amigos comunes que