Llegó el momento crucial.
“¿Aceptas a Javier como tu esposo legalmente casado?”, preguntó.
La sala quedó en silencio. Javier me miró con seguridad. Carmen, sentada en la primera fila, asintió discretamente. Levanté la cabeza, miré a todos los invitados y dije con voz clara:
—No. Y antes de explicarte por qué, quiero contarte algo que acabo de escuchar hace una hora.
Un murmullo recorrió la habitación. Carmen se llevó la mano al pecho, confundida. Javier palideció. Continué hablando, y cada palabra era como un golpe directo al corazón de esa