En mi cumpleaños número 30, mi sobrino arrojó mi pastel a la piscina y gritó: “Hice lo que me pidió mi papá”. Esa noche entendí que mi hermano llevaba años humillándome… y decidí quitárselo todo.

Estadio Azteca y que tú te ibas a reír porque era una broma como en la tele”.

Se me cerró la garganta.

La siguiente hoja era un dibujo mío parada junto a una mesa vacía, con una nube gris encima de la cabeza, mientras dos figuras se reían a lo lejos. Abajo había escrito: “No estuvo chistoso”.

—¿Por qué escribiste esto? —le pregunté.

Mateo bajó la mirada.

—Porque mi papá siguió diciendo que no pasó nada… pero sí pasó. Y porque yo te pedí perdón y él me dijo que