terapia. De verdad. Pero no me cierres la puerta por Mateo.
—Yo no se la estoy cerrando a Mateo —le dije—. A ti todavía no sé.
Colgué.
Las semanas siguientes me llegaron fotos de Ricardo, Paola y Mateo afuera de un consultorio. Mi madre mandó mensajes diciendo que “ya estaban haciendo un esfuerzo”. Mi padre preguntó si pensaba reactivar el fideicomiso.
La respuesta fue no.
No por venganza. Por límite.
Yo ya no quería ser la mujer que siempre entendía, siempre perdonaba y siempre volvía a sentarse a la misma