3 cosas.
Un ultrasonido.
Una carta amarillenta.
Y una fotografía de Mateo recién nacido.
Tomé la foto.
Estaba envuelto en una cobija azul.
Al reverso, Mariana había escrito:
—Este es Mateo. No te estoy pidiendo que volvamos. Solo quiero que sepas que tienes un hijo.
Tuve que sentarme.
—¿Cuándo llegó esto?
Mi madre empezó a llorar.
—Poco después de que nació.
—¿Y la carta?
—Antes.
—¿Y el número que dejó en mi empresa?
Bajó la cabeza.
—También me lo dieron.
Golpeé la mesa con la palma.
—¡3 veces!
—Déjame explicarte.