Pero había algo más.
Temía que yo regresara con Mariana.
Así que escondió la primera carta.
Meses después, interceptó el número telefónico.
Cuando llegó la fotografía del bebé, ya no tuvo ninguna duda.
—Se parecía a ti cuando naciste —dijo llorando—. Esa noche tuve el teléfono en la mano. Estuve a punto de llamarte.
—¿Entonces por qué no lo hiciste?
—Porque pensé que me odiarías.
La miré sin poder creerlo.
—Tenías miedo de que te odiara, así que permitiste que mi hijo creciera creyendo que su padre no lo quería.