que si no regresas, van a demandarte.
—Mamá, necesito preguntarte algo.
—¿Qué ocurre?
—¿Papá dejó algún dinero a mi nombre?
Hubo un silencio tan largo que pensé que la llamada se había cortado.
Finalmente respondió:
—Tu padre dejó un fideicomiso.
Me incorporé.
—¿Qué fideicomiso?
Su voz tembló.
—Me pidió que no te lo contara hasta que cumplieras treinta años.
—Mamá, cumplí treinta hace dos meses.
Comenzó a llorar más fuerte.
—Lo sé.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Por qué me lo ocultaste?
—Richard me dijo que era mejor esperar