La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

decimos para no molestar.

La decimos para que no cambien planes.

La decimos porque una parte de nosotros tiene miedo de convertirse en problema.

Pero aquella casa pequeña no podía sostenerse sobre mentiras.

Así que aprendimos a decir la verdad.

Despacio.

Con miedo.

Pero la verdad.

Los primeros meses no fueron fáciles.

Hubo días buenos.

Y días en los que Caterina llegaba tan cansada del trabajo que apenas podía sonreír.

Había noches en que yo me despertaba desorientada y llamaba a mi hija, pensando que todavía vivía en mi antigua