reloj.
Poco a poco, el apartamento empezó a parecer hogar.
Pusimos mis fotos en una repisa.
Caterina compró una planta pequeña que casi se murió dos veces, pero siguió verde por pura terquedad.
Marta llevó unas cortinas claras.
Pilar, la vecina, apareció un día con un plato de lentejas y dijo:
—Hice de más.
Yo sabía que era mentira.
Nadie hace de más justo en un plato limpio y tapado con cuidado.
Pero acepté la mentira bonita.
Con el tiempo, Pilar empezó a venir los martes.
Traía café.
Yo le