La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

vida social que yo —decía.

—Porque yo ya no pierdo el tiempo fingiendo que estoy ocupada.

Un sábado, le pedí a Caterina que me llevara a la residencia.

Se quedó quieta.

—¿Quieres volver?

—No a quedarme.

—Entonces, ¿para qué?

Miré mi cesta de lana.

—Para visitar a los que siguen mirando la puerta.

No dijo nada.

Pero me llevó.

Entré al edificio con mi bastón, mi abrigo y una bolsa llena de bufandas pequeñas.

La cuidadora de recepción me reconoció.

—Rosario.

Me abrazó.

Yo miré hacia el salón.

Allí estaban