frío.
Tenía un nudo en el pecho tan grande que no me dejaba respirar bien.
Al salir, me giré.
Vi el pasillo largo.
Vi la luz blanca.
Vi la silla donde yo me sentaba a mirar la puerta.
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Vi a Don Julián, que siempre decía que su hijo vendría el domingo, aunque nadie sabía cuál domingo.
Vi a Amparo, que dormía con el bolso sobre las piernas por si llegaba su hija y la encontraba lista.
No dije nada.
Solo levanté la mano.
Algunos me