La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

miraron.

Algunos sonrieron.

Otros apartaron la vista.

Porque cuando alguien se va de una residencia, los que se quedan sienten alegría y tristeza al mismo tiempo.

Alegría por quien se marcha.

Tristeza por ellos mismos.

Caterina me apretó el brazo.

—Vamos despacio, abuela.

El coche no era suyo.

Era de una amiga.

Un coche pequeño, con el asiento de atrás lleno de cajas, una manta vieja y una bolsa de pan.

Caterina puso mi maleta en el maletero como si pesara muchísimo.

Pero yo sabía que no pesaba.

Lo que