miedo.
Pedir ayuda antes de romperse.
Y decir la verdad aunque tiemble la voz.
Yo no sé cuánto tiempo me queda.
A mi edad, una no hace planes demasiado largos.
Pero cada mañana, cuando escucho a Caterina moverse en la cocina, cuando Marta llama para preguntar si necesito algo, cuando Pilar toca la puerta con cualquier excusa mala, yo sonrío.
Porque ya no espero mirando una puerta cerrada.
Ahora escucho llaves.
Pasos.
Voces.
Vida.
Y si algo he aprendido, es esto:
Nadie necesita una promesa perfecta.
Solo necesita que alguien