La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

armario.

Vacía.

La bufanda azul sigue en mi cajón.

Torcida.

Con un punto más grande que otro.

Algunas noches la saco y la pongo sobre mis piernas.

Caterina se burla con cariño.

—Abuela, esa bufanda es un desastre.

—No —le digo—. Esa bufanda fue el principio.

Porque una niña me la hizo con manos pequeñas.

Una joven me devolvió con esas mismas manos a casa.

Y una familia aprendió que cuidar no siempre significa hacerlo todo bien.

A veces cuidar es volver.

Llamar.

Sentarse.

Traer sopa salada.

Firmar papeles con