La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

pesaba era la promesa.

Durante el camino, ella no habló mucho.

Yo miraba por la ventana.

Las calles pasaban oscuras, con algunas luces encendidas en balcones y cocinas.

Me pregunté cuántas personas estarían cenando juntas.

Cuántas estarían discutiendo por cosas pequeñas.

Cuántas no sabían la suerte que tenían de oír otra voz en casa.

Llegamos a un edificio sencillo.

No era bonito.

Tampoco feo.

Tenía la pintura algo gastada y una entrada estrecha.

Pero estaba en planta baja, como Caterina había dicho.

Eso para mis rodillas ya era un lujo.