Ella abrió la puerta del apartamento con una llave nueva.
La giró dos veces.
Luego se apartó.
—Pasa tú primero.
Entré.
La casa olía a pintura reciente, sopa y nervios.
Había una mesa pequeña con dos sillas.
Un sofá usado cubierto con una manta clara.
Una cocina minúscula.
Y al fondo, una habitación con una cama preparada.
Sobre la almohada había dejado una nota.
“Para mi abuela.”
Solo eso.
Tres palabras.
Me acerqué despacio y puse la mano sobre la manta.
No era una cama elegante.
No era una habitación