Su esposo me dijo que mi hija llevaba una semana en un retiro y hasta me pidió que “respetara su privacidad”. No discutí; conduje dos calles, estacioné y regresé caminando bajo la lluvia. Detrás de la casa encontré un candado nuevo en el garaje. Cuando susurré “si eres tú, golpea la puerta”, recibí 3 golpes que me hicieron llamar a la policía.

—Está confundida.

La respuesta llegó desde el otro lado de la puerta.

—No estoy confundida.

Camila comenzó a llorar.

El agente volvió a exigir la llave.

Julián insistió en que estaba dentro de la casa.

El segundo policía lo revisó.

La encontró en el bolsillo de su pantalón.

Fue la primera vez que vi miedo verdadero en su cara.

Abrieron el candado, pero la puerta solo avanzó unos centímetros.

Algo la bloqueaba desde dentro.

Empujaron.

Se escuchó madera arrastrándose.

Luego salió un olor encerrado, caliente, húmedo.

Y la vi.

Mi