la puerta.
—Acaba de responderme.
Hubo otro silencio.
Después dijo:
—Estás interpretando cosas porque siempre has querido demostrar que soy un monstruo.
—Voy a llamar a la policía.
—Hazlo.
Y colgó.
Ese “hazlo” me hizo dudar.
Solo unos segundos.
Pero dudé.
Pensé que quizá Valeria realmente había tenido una crisis. Pensé que quizá había aceptado encerrarse. Pensé en todas las veces que mi trabajo me había enseñado que una historia puede parecer obvia antes de conocer todos los hechos.
Volví a pegar el oído.
—Valeria.
Tres golpes.
Más débiles.
Llamé