Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

dijiste?

Ella soltó una risa triste.

—Porque nunca preguntaste. En nuestra boda te entregué una carpeta con documentos importantes. Me dijiste que no te molestara con esas cosas y se la pasaste a tu asistente.

Alejandro recordaba aquel momento.

También recordaba haberle dicho que no lo hiciera quedar mal frente a sus socios.

—Durante tres años —continuó Mariana—, trabajé en el departamento administrativo porque quería compartir algo de tu vida. Había dejado la administración cotidiana de mis inversiones en manos de profesionales. Pensé que podríamos construir un matrimonio normal.

—¿Y