Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

de participación accionaria.

Alejandro comenzó a leer.

Su expresión cambió.

La beneficiaria de un fideicomiso que poseía el 37% de Grupo Robles era Mariana Salgado.

—Esto tiene que ser un error.

—No lo es.

—¡Yo tengo el 35%! ¡Mi padre tiene otro 12%!

—Exactamente. Soy la mayor accionista individual de la empresa.

Alejandro sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Mariana explicó que aquellas acciones estaban bajo su propiedad personal desde antes del matrimonio, como resultado de un antiguo acuerdo relacionado con su familia.

—¿Por qué nunca me lo