inversionista que estaba dispuesto a salvarla —explicó Mariana—. Pero antes de cerrar el trato tuvo que viajar a Monterrey. Cuando regresó, descubrió que Arturo había presentado documentos falsificados para quedarse con sus acciones.
Alejandro miró a su padre.
—Papá, dime que no es cierto.
Arturo permaneció callado.
Mariana continuó:
—Mi padre pasó años intentando recuperar lo que le pertenecía. Perdió sus ahorros pagando abogados y descubrió que uno de los testigos principales había recibido dinero para declarar en su contra.
La voz de Mariana comenzó a temblar.
—Yo tenía siete