consideró importante.
Aquella tarde, Arturo convocó a Mariana a la residencia familiar de Las Lomas.
La esperaba acompañado por su esposa, Beatriz, y Alejandro.
—Una buena esposa protege el apellido de su marido —sentenció Beatriz—. Nos has convertido en la vergüenza de la ciudad.
Mariana la observó con tristeza.
—Durante tres años me pediste que llegara temprano a las comidas familiares para ayudarte a cocinar. Nunca me sentaste a tu lado. Siempre comía después de todos.
Beatriz apartó la mirada.
—Eso no tiene nada que ver.
—Tiene todo que ver.