Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

seguir diciéndole lo que quiere escuchar.

Alejandro la confrontó aquella misma noche.

—¿También lo de Sergio es mentira?

Camila comenzó a llorar.

—Él me amenazó. Yo nunca quise hacerte daño.

—¿Y Mariana? ¿También te obligó Sergio a despedirla?

Camila no respondió.

—Yo destruí mi matrimonio por alguien que ni siquiera me respetaba.

—¡Tú también me prometiste cosas! —gritó ella.

Alejandro la miró sin emoción.

—Y voy a responder por mis decisiones. Pero tú tendrás que responder por las tuyas.

El proceso judicial siguió su curso. Los abogados de la empresa