Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

empleados que resolvieran todos sus problemas.

Pero todavía no aprendía a vivir sin arrepentimiento.

Aquella mañana abrió las redes sociales.

En el perfil de Mariana encontró una fotografía reciente.

No aparecían joyas, automóviles ni mansiones.

Era una sencilla planta verde, colocada frente a una ventana iluminada por el sol.

La misma planta que Mariana había cuidado durante sus años en la empresa.

Ahora crecía en una maceta nueva, con hojas abundantes que caían sobre el alféizar.

Debajo de la fotografía había una frase:

“A veces, una planta no necesita cambiar