En mi graduación, mientras todos brindaban por mi hermana, oí a mi padre reírse: «A ver si ahora encuentra algo que se le dé de verdad bien». Yo seguía con la toga puesta mientras la sala aplaudía. No lloré: salí y compré un billete de ida a Barcelona. Años después, mi hermana apareció con un historial médico: los 15.000 € jamás fueron para su operación.

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La voz llenó el salón.

—Es Clara. Los médicos han encontrado una masa. La operación no puede esperar. Eres su hermana. No nos hagas pasar por esto solos.

Clara palideció.

—Usaron mi nombre.

—Sí.

—¿Y después te bloquearon?

—A los 3 días.

Clara se sentó despacio.

Durante años había pensado que Lucía se había alejado porque estaba resentida por las comparaciones familiares. Sus padres se lo habían explicado así: “Tu hermana siempre ha sido muy sensible”, “se fue porque no sabía aceptar que tú tenías más talento”, “no quiere